jueves, 24 de mayo de 2018

Retrato de niños con bayonestas - Jairo Buitrago

En 1824 llega el primer acercamiento a la fotografía. Niépce obtenía imágenes gracias al betún de Judea expuesto por varios días sobre una placa de plata. Han pasado casi 200 años desde ese momento y la fotografía ha evolucionado notoriamente, pero en el fondo el ejercicio de capturar la vida sigue siendo el mismo. Retratar esos instantes en que somos felices, en que hemos logrado alcanzar un objetivo por el que trabajamos arduamente, en que sonreímos de manera sincera o impostada por la necesidad de la ocasión, o en que compartimos con nuestros seres queridos. Pero la fotografía también ha servido para dejar evidencia de los grandes momentos de nuestra historia, de la barbarie de la que somos capaces, de la indolencia que permea la violencia, de los rostros que se transforman ante la crueldad humana.

Registro fotográfico publicado por la Revista Credencial en su edición N° 12 de diciembre de 1990.

Tres niños con seriedad y tristeza marcadas en su rostro, disfrazados con trajes militares (sí, disfrazados, y no me estoy burlando, porque los niños no deberían ocupar este tipo de papeles), cargados con bayonetas y una corneta fueron inmortalizados en 1902 por un fotógrafo anónimo y su cámara de fuelle en las horas en que la Guerra de los Mil Días (quizá la contienda civil de mayor magnitud en la historia colombiana) agonizaba.

Esta fotografía expuso la indolencia de una contienda que dejó miles de muertos, un país prácticamente destruido, una economía enclenque y un futuro endeudado. La imagen de estos tres niños cuya actitud contrastaba con la alegría de los soldados que se vislumbran de fondo fue la inspiración del escritor nacional Jairo Buitrago para escribir “Retrato de niños con bayonetas”, título editado por Panamericana Editorial e ilustrado por Mónica Betancourt.


Aquí nos encontramos con la historia de una profesora que, buscando material para su clase, se encuentra con la imagen de estos tres niños y decide presentársela a sus alumnos con el objetivo de explicarles una problemática tan álgida y complicada como la guerra.

Este pequeño gran libro nos remite al pasado, al reconocimiento de un hecho que partió lo que somos como país y como sociedad para analizar así mismo nuestro presente, la manera en que lo entendemos y los mecanismos mediante los cuales podemos ayudar a que las nuevas generaciones comprendan las consecuencias de la violencia.

Este relato nos muestra cómo la guerra nos transforma, cómo cambia lo que somos y lo que seremos, y deja cicatrices imborrables en nuestro futuro. Al mismo tiempo nos lleva a cuestionar nuestro papel frente a las víctimas y el devenir de quienes participan en conflictos de este tipo.


El apartado gráfico de este libro toma provecho del sepia para crear una atmósfera de pesadumbre y nostalgia que le suman tremendamente a lo que se narra con palabras; ambos van de la mano y se nota que trabajan por un mismo objetivo.

Otro elemento importante de esta obra es que puede convertirse en un punto de interés para que los más pequeños se interesen en conocer la historia de su país, los hechos que lo marcaron y comprometerse con procesos que permitan construir una sociedad más tolerante y empática.

“Retrato de niños con bayonetas” es un libro duro, pero pertinente para apoyar el proceso de entendimiento de lo que es la guerra, sus causas y efectos, especialmente en un periodo histórico como el que vivimos en nuestro país, en el que la paz, el perdón y la reconciliación requieren una responsabilidad enorme de nuestra parte, pues los cambios de una nación no se producen solo con la firma de un documento.

Pdta. Gracias infinitas a mi amiga Camila Melo por este acertado regalo.

Reseña: Un amor en Auschwitz - Francesca Paci

Entre 1939 y 1945, la humanidad presenció el mayor conflicto bélico del que ha sido testigo hasta el momento. La Alemania nazi de Adolf Hitler se tomó Polonia y con esto dio inicio a la Segunda Guerra Mundial, choque que dejó más de 60 millones de víctimas, a gran parte de Europa y Japón casi destruidas, entre variadas consecuencias que, incluso, tienen repercusión hoy en día.

La academia, el periodismo, la literatura, el cine, el arte y otras muestras del trabajo humano se han encargado de darnos a conocer diferentes hechos que tuvieron lugar durante la Segunda Guerra Mundial. Es así como sabemos que el final de este conflicto plantó las bases de la Guerra Fría, que una niña llamada Ana dejó un diario en el que contaba cómo ella y su familia tuvieron que soportar la vileza de un régimen que los veía como inferiores, que muchos huyeron en barcos buscando una nueva oportunidad de vida lejos de la violencia y solo encontraron puertas cerradas, que un hombre llamado Guido Orefice representó la resistencia humana por proteger a su familia ante las penurias vividas en los campos de concentración, que discursos inteligentes y de resistencia como los de Churchil también tienen cabida así las balas quieran silenciarlos, que un líder cegado por el poder puede llevar al mundo entero al borde de la devastación, y que la guerra no deja más que dolor y desolación.

Obra de Alan Moore (1947) en donde se expone la muerte en su máxima expresión.

Sin embargo, son millones de historias las que están escondidas entre los escombros, entre las lágrimas y la sangre que bañaron la tierra, esa misma sobre la que continúa escribiéndose nuestra historia, esa misma que esperamos no vuelva a ser víctima de la peor cara de nuestra identidad.

En 2014, la periodista italiana Francesca Paci se dio a la tarea de abrir el micrófono a esas voces que no habían sido escuchadas, a buscar entre las palabras esas letras que se estaban perdiendo, a hacer que todos nosotros viéramos de frente esas realidades que no conocíamos. Fue en el desarrollo de esa labor investigativa que Francesca conoce a Jadwiga Pindereska-Lech, la directora de la editorial del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau, quien se dio a la tarea de introducirla al mundo de una mujer judía que salvó muchas vidas durante la Segunda Guerra Mundial y que se enamoró un prisionero político polaco. Esta inexplicable y bellísima historia es la que se cuenta en “Un amor en Auschwitz”.

El contenido de estas cartas, que me tomé el trabajo de transcribir, hace parte de la investigación de Francesca Paci.

Leer el trabajo de Francesca Paci significó un reencuentro con el buen periodismo, ese que trata de llegar a la verdad, que demuestra, investiga, analiza y revela al público los hechos tal y como ocurrieron, sin sesgos, con objetividad. Leer el trabajo de Francesca Paci me confirmó el poder que tienen las letras para sensibilizarnos, para hacernos más humanos. Leer el trabajo de Francesca Paci es un recordatorio del porqué un reconocimiento como el Premio Nóbel otorgado a Svetlana Alexiévich es valedero e importante para una sociedad tan ávida de reconocerse (ojo, la dimensión del trabajo de ambas es muy diferente).

Registro fotográfico de Mala y Edek.

Es posible que haciendo una búsqueda en la web del nombre de la Julieta de esta epopeya se encuentren con muchos resultados que los lleven a conocer distintos pormenores de lo que fue su vida, pero esos datos no van al fondo del asunto y no le rinden el homenaje suficiente a un personaje del calibre de esta mujer. Mala Zimetbaum fue una heroína en todo el sentido de la palabra, quien, gracias a su conocimiento de varios idiomas, fue seleccionada como intérprete y traductora de los escuadrones de protección (SS) durante la Segunda Guerra Mundial, rol que aprovechó para ayudar a sus compañeras más desamparadas, aquellas que debían realizar los trabajos más pesados sin consideración alguna. Mala trabajó de manera incansable por hacer más llevadera la existencia de sus congéneres de campo, por mostrarles un final diferente a lo que se pintaba como un desastroso final. Mala se atrevió a creer en el amor, uno de los motores de nuestra mejor versión, aún cuando lo único que existía en el ambiente eran el odio y la violencia.

“Un amor en Auschwitz” es un homenaje a todos esos héroes que la historia ha dejado en el olvido, a todas esas historias que se quedaron encerradas en la tragedia y el dolor. Significativo y conmovedor material investigativo. Ojalá le regalen un tiempo a revisar este libro y conocer a Mala, una mujer invaluable.


martes, 22 de mayo de 2018

Reseña: Al final mueren los dos - Adam Silvera

¿Qué harías si recibieras una llamada en plena madrugada en la cual te dicen que este será el último día de tu vida? Yo, Esteban Parra, no lo sé a ciencia cierta. Es posible que me quede acostado en la cama, haciéndome uno con mis cobijas y mi almohada como suele ocurrir cuando estoy triste o muy holgazán. Seguramente me siente en la sala de la casa a observar por un instante mi biblioteca, esa que guarda a tantos compañeros de camino y que me ha visto crecer en muchos sentidos. No dudo que decida escribirle a mis mejores amigos para burlarnos del resto del mundo y hacer del ocio nuestro paraíso. Quizá salga a caminar para ver por última vez el verde de los árboles que tanto me gusta, y buscaría algún parque en donde el césped esté siendo podado para perderme en mi aroma favorito. Tal vez almuerce con mis padres y mi hermana como todos los fines de semana, y nos riamos de cualquier cosa mientras hacemos fila para ver alguna película de terror. Posiblemente recoja a mis sobrinos y compremos un helado, vayamos por una cajita feliz y juguemos como locos en las maquinitas del centro comercial. Suponer es muy fácil pero, ante un hecho de tal magnitud, no sé como llegaría a reaccionar.


Nueva York, primeras horas de la madrugada del 5 de septiembre del 2017.

Mateo Torrez está en su casa leyendo algunas entradas en el blog CuentaAtrás cuando escucha el timbre de su teléfono.

Rufus Emeterio está exhausto luego de la golpiza que le dio al nuevo novio de su ex cuando escucha el timbre de su celular.

Un operador de la compañía Muerte Súbita se comunica con ellos para avisarles que ese, el 5 de septiembre del 2017, será el último día de sus vidas.

Esta es la premisa de “Al final mueren los dos” (pocos títulos más spoileros podemos encontrarnos en un libro) del reconocido escritor neoyorquino Adam Silvera, quien saltó a la fama mundial con su primera obra “Recuerda aquella vez” (ambos títulos editados al español por Puck), y que ha trabajado gran parte de su vida en el sector editorial.


Mateo y Rufus son personas que han crecido en ambientes distintos, con círculos familiares diferentes y que se enfrentan a presentes opuestos. El modo en que la vida de cada uno se ha desarrollado dista mucho de la del otro, y la manera en que reciben la noticia que Muerte Súbita les ha comunicado también es divergente. Esa disparidad entre lo que son, sienten y piensan este par de personajes es totalmente comparable a la que podemos experimentar cada uno con quienes nos rodean y con nosotros mismos. Ante alguna circunstancia pensamos responder de una manera, pero al vernos frente a ella es posible que actuemos de otra completamente diferente.

Mateo y Rufus son seres humanos que pierden el control, que no toman riesgos, que se dejan llevar por sus impulsos, que se sienten tristes, que están llenos de miedos, que no logran comprenderse, que están confundidos, que no saben realmente qué es lo que quieren. Sí, Mateo y Rufus son seres humanos como ustedes o como yo, y ese es uno de los grandes logros de Adam Silvera con esta obra, pues los personajes que en ella intervienen son como cada uno de nosotros, como ese familiar que se marchó dejando un vacío en nuestro día a día, como ese amigo imprudente que nos alegra sin importar nada, como esos cómplices que están a nuestro lado para sacar adelante cualquier misión, como esa pareja que se marchó pero sigue presente en nuestros pensamientos, como esas personas que aparecen de la noche a la mañana y hacen que nuestro horizonte cambie por completo.

Sí. Rufus tiene cuenta en Instagram y seguro ustedes van a disfrutar estas fotos.
Gracias a Isabela Cantos por el aviso.

No es fácil hablar de este libro por todo lo que representa en sí mismo, por todo lo que fue capaz de generar en mi interior, por la valentía con que afronta temas tan importantes y silenciados durante tanto tiempo en la literatura juvenil como lo son la muerte, el duelo, la soledad y el amor entre personas del mismo sexo, entre otros. En las pasadas 300 páginas en que esta historia es contada, la vida y lo que hacemos con ella cobra un papel central. Cada paraje de este libro tiene un reflexión para hacernos, un tema por el cual cuestionarnos y un hecho que nos dejará pensando.

¿Por qué aplazamos las cosas que queremos hacer? ¿Por qué nos da miedo salir de nuestra zona de confort?¿Por qué guardamos silencio cuando tenemos tanto por decir? ¿Por qué no salimos a comernos el mundo en lugar de verlo por una pantalla? ¿Por qué seguimos encerrados en sitios que no nos agradan? ¿Por qué esperar a que todo llegue en lugar de ir a encontrarlo? ¿Por qué callar lo que sentimos? ¿Por qué no empezamos a vivir mientras tenemos la posibilidad de hacerlo?


“Al final muere los dos” es uno de esos libros que llegan para hacerte pensar, para no dejar que sigas viendo la vida del mismo modo. Un ensayo sobre los cierres (no solo la muerte es un cierre) y las formas en que los seres humanos los afrontamos. Una historia mágica e intensa sobre el amor, la nostalgia, la amistad, la pérdida y el destino, ese que tenemos la tarea de escribir y ojalá de la mejor manera posible.