martes, 9 de febrero de 2016

Un compromiso con la literatura colombiana


Para nadie es un secreto que el número promedio de libros que lee un colombiano es algo de lo cual deberíamos preocuparnos, pues no supera los dos por año. Por supuesto, las principales novedades de las grandes editoriales, en su mayoría, tienen precios restrictivos y que no permiten que cualquiera pueda hacerse con ellos, pero la oferta literaria es vasta y se pueden encontrar muy buenos títulos a muy buenos precios: por ejemplo, en algunos puntos de Panamericana Librería hay secciones con libros bastante interesante y que no superan los $20.000; la misma oferta de Panamericana Editorial resulta muy atractiva, pues en definitiva comprende títulos buenos, bonitos y baratos; también hay ciertas librerías que no muchos conocen y que cuentan con un catálogo inmenso de literatura de todo tipo, original y a precio de huevo, como por ejemplo Dislectura en el centro de la ciudad. 

Por otro lado hay un número importante de bibliotecas en el territorio nacional, en donde además de poder leer totalmente gratis, en un ambiente inmejorable, e incluso con programas para poder llevar por unos días los libros a la casa, hay diversidad de actividades en pro de la cultura y la recreación.

Adicionalmente, los libros electrónicos en muchos casos pueden llegar a costar hasta tres veces menos que los libros físicos, de tal manera que obtener las grandes novedades, e incluso, libros que difícilmente veremos algún día en el país, ya no es una misión imposible; incluso, muchos autores publican en este formato sus libros de forma gratuita...

A lo que quiero llegar con esto es que a pesar de que el precio de muchos libros sea muy alto, situación agravada con la indiscriminada alza en el precio del dólar, leer no tiene porqué ser un hueco en nuestra finanzas. Las posibilidades están ahí, solo hace falta sacar un tiempo para dejarnos llevar a otros mundos, para conocer muchos compañeros de vida, para viajar por épocas que no son las nuestras y para disfrutar de uno de los placeres más grandes que podremos encontrar en la vida: vivir un libro.




Partiendo de lo que acabo de plantear, quiero ahondar en otro tema, y es el de la polarización en la industria literaria. Como en cualquier sector de la economía, hay peces grandes que tienen todas las de ganar, mientras que hay algunos pequeños, quienes con todas sus fuerzas tienen que tratar de encontrar un hueco para sobrevivir, y si las condiciones lo permiten, llegar a crecer; esto no es ajeno en el mundo de la literatura nacional, pues para nadie es un secreto que hay cuatro o cinco grandes casa editoriales que inundan las librerías y las grandes superficies con sus títulos y publicaciones, y de tal manera se llevan la parte más grande del pastel. 

Estas casas editoriales tienen presupuestos que pueden no ser gigantescos, pero que si son lo bastante elevados como para poder llevar a cabo labores de marketing que les aseguren excelentes resultados y una cobertura del mercado importante. De igual manera los medios de difusión alternativos, dentro de los que incluyo a los booktubers y a los bloggers, en la mayoría de los casos dedican casi todos sus espacios a publicitar y recomendar los títulos que estás casas editoriales les envían. 

No estoy en contra de que haya peces grandes y peces pequeños, ese es el "orden" de las cosas y en un libre mercado es una situación recurrente; en lo que si no estoy de acuerdo es en que aquellos que sea desde un medio grande, o desde un espacio pequeño como este, no nos demos la oportunidad de conocer nuevos autores, editoriales independientes, y de darle un vistazo a propuestas que pueden llegar a ser interesantes, pero que por no tener dolientes ni el capital suficiente para llevar a cabo estrategias de mercado de mayor cobertura, se quedan muchas veces en el olvido.

En situación aún más desventajosa se encuentran los autores nacionales, pues lastimosamente nuestro interés por lo que nuestros coterráneos producen es mínimo; muchos piensan que en Colombia solo existen García Márquez y Abad Faciolince, o que la literatura colombiana no va más allá del narcotráfico, las putas y el fútbol. Les cuento que si bien mucha de la oferta está centrada en estos temas, hay varias voces que se han aventurado a crear otro tipo de discursos.

2015 fue un año en el que leí mucho: cosas buena, cosas malas, de la gran mayoría de géneros, en diferentes idiomas, de autores de varias partes del mundo, incluyendo algunos de mi país. Confieso que gran parte del contenido de este blog está dedicado a la literatura que nos encontramos en cada esquina, esa de la que todo el mundo habla y de la que las fuertes campañas de mercadeo nos hacen compradores. Pero en este 2016 quiero hacer algo diferente, y darme a la tarea de buscar a esos autores que han enviado sus escritos a concursos, han tocado mil puertas, han participado en mil y una convocatorias y han logrado, así sea mediante la autopublicación, dar a luz a un libro.

En este 2016 quiero comprometerme y retarme a buscar cosas nuevas, a darle un espacio grande a los autores colombianos y a esas editoriales nacionales que están tocando puerta, a mostrarle cosas diferentes a todo aquel que se pase por aquí, a darles a leer cosas nuevas, y a permitirles ver más allá de lo que el mismo mercado nos deja.

Ojalá muchos se animen y me acompañen, a descubrir un poco más de lo que somos, de lo que decimos y de lo que tenemos para contar.


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