lunes, 7 de marzo de 2016

¿Es basura la literatura juvenil?


Históricamente el ejercicio del lector ha sido asociado a personas ilustres, excelsamente preparadas, y con un IQ de difícil comprensión. Para muchos eruditos (y otros no tanto), la literatura es un ejercicio de exclusividad, un placer restrictivo propenso a la complejidad, y cuyos elementos que quieran salirse de dicho paradigma están condenados al más cruel de los escenarios.

El espectro de la literatura, al igual que lo hacen diferentes expresiones del ser humano como la música o el cine, cubre un número importante de géneros y de objetivos finales. Hay libros para cada mercado, y mercado para cada libro.

En los últimos años, y me permito decir que potenciado por el cambio en las reglas de juego generado por los avances de la tecnología, y por el éxito en taquilla de varias de las adaptaciones de sagas juveniles en la pantalla gigante, la oferta y así mismo la demanda de libros de este tipo ha venido en aumento, y la tendencia parece tomar cada vez más fuerza.



Pero la literatura juvenil no nace con "Harry Potter", "Los juegos del hambre" o con "Crepúsculo" aunque algunos lo crean, sino que data de muchos años atrás, tantos como los que marcan el nacimiento de la literatura como tal.

El hombre durante su vida pasa por varias etapas, las cuales ciertas personas tratan de resumir en nacer, crecer, reproducirse y morir; esto no es tan así, pues si nos ponemos a ver nuestra vida, solemos hacer algunas cosas más de las que ese proceso "natural" marca: bailamos, lloramos, cantamos, nos emborrachamos, trabajamos, nos caemos, nos raspamos las rodillas, nos enamoramos, y algunos como yo, leemos, entre muchas otras actividades. En todas y cada una de las etapas de nuestra vida que irremediablemente culminarán en una estadía vitalicia en el Hotel de La Parca, nuestras sensaciones, momentos y necesidades terminan llevándonos a conocer y experimentar una u otra cosa. Lo que leemos hace parte de esas cosas.



A lo largo de los años, y al igual que todos los géneros literarios en cierta proporción, la literatura juvenil ha sido víctima de críticas contra su propia esencia, contra su propuesta y contra su mismo público. Con avalancha de nuevos libros para jóvenes, sobrevino también un huracán de comentarios que parecen ser el pan de cada día entre lectores, expertos en la materia, muchos desconocedores, e incluso entre autores.

El traductor, profesor y escritor Tim Parks, mencionaba alguna vez que la literatura juvenil volvía perezoso a sus lectores, pues se dedicaba a proponer escenarios repetitivos. La propuesta del autor radica en iniciar nuestro camino en la lectura con uno de los grandes clásicos de la literatura universal; nada más ni nada menos que "Romeo y Julieta" del excelentísimo e inolvidable William Shakespeare.

Ruth Graham, columnista del portal "Slate" aseveró que quienes leen este tipo de literatura siendo adultos deberían sentir vergüenza, pues su contenido es nada serio y la calidad inmersa en su construcción podía ponerse fácilmente en tela de juicio.

La argentina Mariana Enríquez en el portal "12 páginas", hace hincapié en el abuso a las fórmulas exitosas por parte de los autores y en el sentido depredador de las editoriales para con las tendencias.

El escritor Pablo Barrena habla de la degradación en el género, acudiendo al uso cada vez más recurrente de una narrativa plana que solo busca distraer la ausencia de otros elementos.

Y entre muchas otras cosas negativas dichas sobre la literatura juvenil y todo lo que hay detrás de ella, me permito citar las palabras de Yolanda Reyes en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2015: "El mercado descubre nuevos jóvenes autores para aprovechar su cuarto de hora y luego desecharlos".

En twitter recibí frente al tema los comentarios de la autora de "La decisión de Camila", mi encantadora y buena amiga Cecilia Curbelo; la autora de "Zodíaco", la carismática, bella y talentosa Romina Russell (ojo con este nombre), del autor de "Los años de los amantes", el guapetón y sonriente Hugo Marroquín; de la queridísima Friederike Schmöe, autora de "Juegos Mentales"y de los booktubers y lectores Sol Monroy, Christian ¿Rey? y Julián González. Aquí van sus opiniones al respecto de si la literatura juvenil es basura:








Dentro de mi blog y en las conversaciones que sostengo en donde los libros son el eje central, muestro una posición muy crítica frente al panorama actual de la literatura en general, enfatizando en gran medida en la juvenil, de la que soy asiduo lector. Día a día veo como los escenarios son cada vez más repetitivos, como las fórmulas de éxito son explotadas indiscriminadamente, como la innovación agoniza y la mediocridad a la hora de escribir se hace ley. 

Adicionalmente, la literatura es también un negocio, y en ello como casi en todo sector de la economía, es común ver cómo se utilizan estrategias en donde lo único que prima es vender, sin tener en cuenta la calidad del producto que llega a manos del comprador. El año pasado me encontré con par ejemplos de libros dirigidos a jóvenes, en donde haciendo provecho de personajes mediáticos se publicaron obras que por su contenido y por el mediocre trabajo de edición inmerso en ellos, dejan mucho que desear. Igualmente la manía absurda de extender historias para dividirla en tomos por el simple hecho de querer vender más; o la creciente publicación de precuelas, secuelas, y todas las cuelas posibles y por haber... Malas prácticas, pienso yo.

Sin embargo, considero que aseverar que la literatura juvenil es basura, que carece de propósito, o que no es elaborada con seriedad, es un error tremendo. En el género que nos ocupa en esta ocasión, como ocurre en cualquier otro género literario, existen libros muy bien hechos, y otros no tanto. Cuando te sientas a leer obras como "Un mundo feliz" de Adolf Huxley, "Alicia en el país de las maravillas" de Lewis Carroll, "American Gods" de Neil Gaiman, "El mago de Oz" de Lyman Frank Baum, o "Los juegos del hambre" de Suzanne Collins, por solo mencionar algunos ejemplos de las obras que he leído, te das cuenta que hay un trabajo de fondo excepcional y que hay años de estudio inmersos en la construcción de cada uno. Lo mismo me atrevería a asegurar de obras alabadas por la crítica y por muchas personas cercanas a mí, como lo son "Harry Potter" de J.K. Rowling, "Las crónicas de Narnia" de C.S. Lewis, "El nombre del viento" de Patrick Rothfuss o "Percy Jackson" de Rick Riordan, quienes han logrado trascender del espacio papel, y hacer que miles converjan en torno a su propuesta. Espero, al menos las obras de Rothfuss y la de Lewis, leerlas muy pronto.



Si bien es posible encontrarse con vampiros deslucidos, heroínas repetitivas, mundos calcados, desarrollos sosos, apuros fotocopiados y clichés constantes, la literatura juvenil es muy rica en muchos aspectos, como en su capacidad de sacarnos de los conflictos constantes de nuestro día a día, de crear mundos que ni en nuestro sueño o pesadilla más certera hubiésemos podido imaginar, de dar lecciones necesarias y poderosas sin necesidad de irse a la exagerada complejidad, de forjar romances de dimensiones épicas, de proponer lenguajes y realidades exuberantes, de aprovechar la mitología y nuestra propia historia de manera soberbia, de plantar dilemas y problemáticas sociales como trasfondo para generar conciencia, de recurrir a escenarios en donde el aprendizaje es un objetivo, y por entre otras cosas, de sembrar en muchos la semilla de un vicio exquisito como es la literatura.

Fue gracias a un libro como "Divergente" de Veronica Roth, el cual estoy seguro no es un libro de la mayor calidad, que volví por los senderos de la lectura. Fue gracias al poderoso y muy bien logrado "Amanecer rojo" de Pierce Brown que decidí abrir este espacio. Dos exponentes de esa literatura que muchos critican sin fundamento alguno, fueron los causantes de hacerme el lector que soy ahora.

Es increíble como estando sentado frente a un libro, logras transportarte a mil lugares, luchar mil batallas, descubrir cientos de misterios, conocer sinfín de personajes inolvidables, recordar lecciones archivadas, reflexionar sobre infinidad de temas y construir opiniones mejor cimentadas. Hay mentes brillantes buscando otras que quieran dejarse iluminar.

Habiendo escrito eso, me queda claro que si bien hay productos a los que les falta mucho, la literatura juvenil tiene exponentes portentosos y merecedores de total admiración, pues su obra ha logrado trascender e imponerse como referentes dentro de un género que tiene mucho por ofrecer, y del que aún queda mucha tela por cortar.

Aprovechando este tema, creo que es importante hablar de algo. A pesar de que unas cosas sean mejor que otras, cada libro es un mundo, y cada mundo tiene sus habitantes. El mercado nos ofrece un sinfín de historias entre las cuales tenemos la posibilidad de elegir, y eso es lo rico del asunto. Cada quien elige lo que quiere leer, y cada quien tiene el derecho de leer lo que quiere. Tenemos la posibilidad de elegir, y tenemos mucho de donde hacerlo.


Otra cosa que tengo claro, es que a pesar de que hayan etapas recomendadas para leer ciertos libros, estos están ahí para contarnos algo sin importar nuestra edad. Por supuesto, con los más pequeños hay que realizar una labor de acompañamiento, pero de resto, no importa lo que leamos, mientras que nos guste y nos haga felices. Tengo 25 años y soy un lector ferviente de literatura infantil y la juvenil. No hay edad para el amor, ni tampoco para leer lo que queramos.

Es evidente que hay prosas más elaboradas que otras, que hay autores que hacen un mejor uso de los recursos de los que disponen que otros, que hay obras que poseen un grado de complejidad dechado a diferencia de otras más sencillas; como ya mencioné, cada quien lee lo que quiere y lo que le llegue, y lo importante a fin de cuentas es lo que el lector sienta cuando está leyendo, y lo que el autor logre transmitirle.

Muchos dicen que empezando con lecturas ligeras, puede llegarse a los grandes clásicos; y puede que esto llegue a darse, pero si no es así ¿qué importa? Leer es un placer y cada quien lo vive a su manera. Puedes pasar de género a género como suelo hacer yo, quedarte en uno solo, explorar autores de culto, o quedarte con el libro del momento. Lo importante a fin de cuentas es leer y disfrutar lo que leemos. 

No todos quieren ser eruditos en materia de literatura, o pulir su criterio crítico frente a la materia. Algunos simplemente quieren pasar un buen rato, entretenerse y salirse de su mundo por un momento. Jamás entenderé como "Crepúsculo" o "After" han logrado llegar a tanta gente, ni porqué se ha generado tanto revuelo a su alrededor, pero eso es lo bonito del cuento, todo vemos el mundo de manera diferente, todos perseguimos un propósito muy propio cuando leemos, todos tenemos opiniones respecto de diferentes temas, pero mientras las expresemos con respeto y las soportemos debidamente, todo irá mejor.



2 comentarios:

  1. Estoy muerta del cansancio pero puedo notar que es una opinión bien construida y explicada, abarca los pro y contra de la literatua juvenil que ha llegado ha convertirse en el boom de la actualidad, relata fielmente los acontecimientos que rodean al género. La literatura es libre de ataduras, puedes disfrutar de ella cuándo quieras y siendo quién tú quieras, el albeldrío esta allí para ser vivido. Sin embrago, creo que hay una masificación notable con el género últimamente, pero eso no significa que se deba despreciar de forma tan absurda cmo lo hacen.
    P.D: Te recomiendo mucho leer El Nombre del Viento es un libro muy completo, muchos le creen la copia de HP pero cada quién con sus opiniones.

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    1. Tania :)

      Muchas, pero muchas gracias por, independientemente del cansancio, tomarte el tiempo de leer todo lo que escribí, y de emitir una opinión como la que has dejado en este espacio. Estoy LOCO por leer ese libro pues me han recomendado hasta la saciedad a ese autor. Espero tenerlo pronto en mi estantería.

      Gracias por pasarte por aquí :)

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